De la élite en el fútbol sala a la parálisis en la empresa

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Los presidentes de Azkar Lugo y Autos Lobelle intentan sacar a flote dos compañías en crisis

José Antonio Lobelle anuncia que deja el club

22 de noviembre de 2012 (21:41 CET)

Azkar Lugo y Autos Lobelle, actualmente Santiago Futsal, tienen en común un origen humilde. El equipo de Santiago nació de mano de José Antonio Lobelle que formó para los mecánicos de su concesionario el embrión del club actual, que competía en la liga local de Chantada. Azkar también fue un conjunto formado por trabajadores, los de Garaxe Villares S.L, que competían en la liga de Lugo. En los años 80, las dos escuadras, vinculadas a empresas, disputaban a apenas 60 kilómetros de distancia sus competiciones, sin saber que en dos décadas se encontrarían en la élite. Y, más que eso, podrían presumir de títulos internacionales

Treinta años después, un nuevo nexo de unión aproximó las historias de los dos clubs. En un emotivo adiós, José Antonio Lobelle abandonó la presidencia para intentar rescatar a su empresa, de enorme popularidad gracias al fútbol sala, pero inmersa en un ERE que, por el momento, ya ha costado la desaparición del concesionario de Autos Lobelle en Perillo --A Coruña-- en el que trabajaban 17 empleados.

El presidente de Azkar Lugo es Manuel Vázquez Corredoira, también máximo responsable de la empresa familiar Construcciones Pedrouzo S.L. Siempre colaboradora con el club --patrocinado por la todopoderosa Azkar--, la compañía de Manuel Vázquez presentó un ERE en 2011 que afectó a 26 trabajadores y que todavía continúa desarrollándose en los tribunales. La empresa está prácticamente paralizada y Vázquez, que comenzó en el fútbol sala como jugador del Garaxe Villares, cesó como administrador único en mayo de ese año, según datos del Registro Mercantil.

En ambos casos, la vitalidad de dos clubes ejemplares en la competición, contrasta con los problemas empresariales de los máximos dirigentes, golpeados por la crisis económica.

La crisis del ladrillo


Construcciones Pedrouzo, con más de 40 años de historia, es una de las empresas más conocidas de la provincia. Los nombres de la compañía han estado vinculados al Azkar de Lugo y también a la puesta en marcha de la fundación del club. Entre sus proyectos estrella, estuvo la urbanización de Abella en la capital lucense, presentada por las autoridades políticas en 2007 como muestra del crecimiento de la ciudad.

El año pasado, la compañía, con Manuel Vázquez como gerente, ya no pudo resistir la crisis del ladrillo y presentó un ERE para para reducir su plantilla en 10 trabajadores. Los impagos a los empleados acabaron llegando a los tribunales. “Manuel Vázquez, los trabajadores le llamamos Manolito, se comprometió a pagar el dinero adeudado y evitar meter a la empresa en concurso de acreedores. Confiamos en él, pero todavía no tenemos ni dinero ni respuesta alguna por su parte”, informan fuentes sindicales. “Lo hemos puesto en manos de abogados y que sean los tribunales los que se encarguen”, rematan.

Las mismas fuentes aseguran que la empresa está prácticamente paralizada, sin actividad, y que son otras filiales del grupo las que intentan resistirse a la crisis. “No detectamos un gran interés por sacar adelante la empresa”, aseguran.

Sin crédito


A José Antonio Lobelle, en cambio, pocos pueden achacarle ese defecto. Desde que dejó la presidencia del club el pasado verano, se dedica a intentar sacar adelante Nissan Autos Lobelle, aunque no parece que lo esté consiguiendo.

La compañía inició un ERE temporal que afecta al 90% de la plantilla, unos 63 empleados. El empresario atribuyó la medida a la falta de liquidez, ya que no podía conseguir financiación en buenas condiciones y arrastraba deudas con la administración y particulares. Ante esta situación, la opción seguida por Autos Lobelle fue la venta de patrimonio para obtener líquido. Sin embargo, no ha podido evitar el cierre de su concesionario en Oleiros.

Además de sacar a flote la empresa, José Antonio Lobelle aseguró que cargaría con la deuda del club, también atosigado por la caída del patrocinio privado y, sobre todo, por las ayudas públicas asignadas al equipo que nunca llegaron a realizarse.
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