Crespo impulsó nuevas empresas fantasma con las que facturar a su fundación

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Mientras era investigado, el empresario pretendía crear sociedades en las que no aparecieran vinculados ni él ni su mujer

Gerardo Crespo en un acto con la cúpula del PP

31 de octubre de 2014 (00:26 CET)

Gerardo Crespo, el supuesto cabecilla de la Operación Zeta, que investiga una trama de fraude relacionada con actividades de formación subvencionadas por la Xunta y otras administraciones, tiene claro que es imposible hacer “cursos fantasma” y acusa directamente a los políticos de mentir “porque tienen mucho que tapar”. No obstante, el sumario de la investigación revela la existencia de sociedades del grupo del empresario coruñés a través de las que se emitían facturas a las compañías receptoras de subvenciones con las que se justificaban gastos, tanto para la obtención de las ayudas públicas como para deducciones tributarias.

Así por lo menos se extrae del sumario del caso, al que ha tenido acceso este medio. El análisis de la UDEF sobre una de las principales empresas de Crespo receptoras de ayudas, Fundefo, evidencia que entre 2006 y 2012 esta recibió 3,1 millones de euros en adjudicaciones de la Xunta de Galicia, además de otros cinco millones de entes públicos de Baleares, Comunitat Valenciana, Andalucía, Extremadura, Asturias, Castilla y León, Navarra, Canarias y Madrid.

Una fundación sin ánimo de lucro


Muchas de las sociedades del entramado de Crespo a través de las que se emitían facturas a Fundefo son tildadas en el sumario de “fantasmas”, ya que, según la investigación, facturaban servicios inexistentes “con el fin de justificar gastos o requisitos para la obtención de subvenciones o deducciones tributarias”. Incluso en los meses en los que se inició la investigación de la Operación Zeta, Crespo trató de impulsar nuevas compañías de estas características.

Según la UDEF, Fundefo, a pesar de tratarse de una fundación sin ánimo de lucro, “tras el estudio de la documentación intervenida se confirmó la evidencia de que era utilizada por un lado como medio principal de ingresos del grupo empresarial de Crespo, así como para la recepción directa de diferentes cuantías en concepto de sueldos a favor de sus patronos más relevantes, familiares y/o empleados que ejercían otras actividades, siendo su verdadero fin el lucro de estas personas”.

¿Servicios inexistentes?

En el sumario de la investigación parece quedar claro que a través de Fundefo se nutrían gran cantidad de compañías del grupo del empresario imputado. Entre las sociedades del grupo coruñés “se amoldaban gastos y beneficios para conseguir una mejor posición frente a la AEAT” y “se utilizaban todas las sociedades del grupo, ya fueran mercantiles, asociaciones o fundaciones, siendo el objetivo entre otros conseguir devoluciones del IVA, por lo que la facturación se realizaba a conveniencia”.

Según el sumario, Crespo habría intentado a principios de 2012 crear nuevas sociedades mercantiles a través de sus empleadas “con el fin de que no se le reprochara vinculación alguna a la hora de facturar a la fundación”. Según la investigación, el empresario fue apremiado por la directora financiera de Fundefo para la puesta en marcha de estas empresas con el objetivo de facturar. “Se deduce de todo ello que esas facturas serían libradas por servicios inexistentes”, apuntan los investigadores de la UDEF.

Proyectos de discapacidad

Así, se apunta que en conversaciones mantenidas en febrero de 2012, el empresario hablaba con varias de sus empleadas de la necesidad de crear “una mercantil específicamente con el objeto de coger subvenciones y proyectos de discapacidad, así como para ser utilizada por el resto de empresas del mismo entidad aparentemente no vinculada con él ni con su mujer”.
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