Cincuenta grandes empresas suman en ventas la mitad del PIB gallego

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El 20% de las mayores compañías gallegas ha presentado un ERE o ha tramitado un proceso concursal

Pablo Isla (Inditex), Roberto Tojeiro (Gadisa), Manuel Gómez Franqueira (Coren) e Igancio Rivera (Hijos de Rivera)

en Vigo, 17 de mayo de 2015 (00:01 CET)

El top-50 de las empresas gallegas suma una cifra de negocio conjunta equivalente al 51,3% del PIB actual de la comunidad autónoma, situado al cierre de 2014, según datos del Instituto Galego de Estadística (IGE), en 54.548 millones de euros, cifra global que representa un leve decrecimiento sobre los 55.204 millones del ejercicio anterior, y en consonancia con la tendencia bajista registrada en la producción gallega desde 2008, año en que se llegó a casi 58.000 millones de euros. La suma de la cifra de negocio de las 50 grandes compañías gallegas llega a rozar los 28.000 millones de euros, mientras que la correspondiente a la de las 100 líderes alcanza los 34.000 millones en conjunto.

Las 30 primeras empresas suponen por sí mismas y en bloque una facturación de 23.788 millones de euros, según se desprende de los datos combinados del anuario Ardán de la Zona Franca de Vigo y del ránking de las 2.500 empresas gallegas de Economía Digital. Y de estas, el grupo empresarial Inditex en solitario supone en el entorno del 76,1% de este subtotal. No obstante, muchas facturan allende Galicia en términos consolidados dada la internacionalización de su negocio, y, por tanto, sólo es mencionable su cifra de negocio en una proporción cuantitativa, porque su producción y el resultado económico no está, en su conjunto, en los límites internos y no puntúa a efectos sumatorios del PIB gallego.

Exponentes sectoriales

En el ránking de las 50 principales figuran, además de la galaxia Inditex, varios de los exponentes sectoriales más claros de la economía gallega. Al margen del sector textil, aparecen las compañías automovilísticas y sus auxiliares, así como las conserveras, las empresas lácteas y las dedicadas a la explotación de productos madereros y siderúrgicos, también sociedades y cooperativas agroalimentarias, firmas de servicios y bienes tecnológicos, además de una nueva pléyade de sociedades de inversión que dan servicio a las family offices de las grandes fortunas gallegas. Antes de la crisis actual, estas no aparecían, al menos con tanta frecuencia, ni siquiera entre las más grandes de las 100 primeras de la economía gallega.

Por el contrario, se han caído de la lista de las 50 líderes o han reducido su peso específico, en relación a fechas recientes, varios astilleros (Hijos de J. Barreras), constructoras (Constructora San José) y compañías pesqueras (Viera y Marfrío). En la mayoría de los casos, tan sólo han desaparecido del listado de las privilegiadas, y se han acomodado en una posición más tardía del mapa empresarial gallego. En contadas ocasiones han sucumbido y han sido expulsadas del tráfico por resultar totalmente ineficaces o inviables (la conservera Bernardo Alfageme). Otras han remontado paulatinamente sobre la base del mismo negocio, no sin dejar en ocasiones regueros de deudas luego compensadas y validadas por las quitas de los procesos concursales.

Líderes y concursadas

En este conjunto de datos desde el punto de vista de la marcha del medio centenar de las principales empresas, pueden destacarse, al menos, dos de ellos relevantes y en sentido inverso. Primero, la imparable y creciente cifra de negocio del grupo Inditex, con 18.117 millones de euros al cierre de 2014, y de otro, el vértigo que supusieron –y aún suponen- en su momento los concursos de acreedores de Martinsa-Fadesa, de origen gallego, y de Pescanova, con unas deudas (tanto por iliquidez de tesorería como por déficit patrimonial estructural) de casi 7.000 y 4.200 millones de euros, convirtiéndolos, ambos y por ese orden, en los procesos por insolvencia más profundos de la historia moderna de la economía española.

Insolvencia y ERE

En el caso de Pescanova, además, se produjo una situación sorprendente, por cuanto a pesar de lo abultado de la deuda que mantenía el grupo -ahora enjuagada por los bancos propietarios- no se aparejó, al menos en España, la tramitación de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), cuando lo habitual es que durante un proceso concursal, el expediente de regulación con pérdida de empleo no pueda emanciparse del primero. Los beneficios presentados por el grupo al cierre de 2014, de cerca de 1.900 millones de euros, surgen, precisamente por esta ficticia condonación de la colosal deuda que el grupo alimentaba desde hacía varios años.

La multinacional pesquera ya ha salido provisionalmente del concurso, en tanto que la inmobiliaria Martinsa-Fadesa, nacida como la principal firma del sector inmobiliario de España tras la compra de esta última al grupo de Manuel Jove por 4.000 millones, finalmente está en proceso de disolución y liquidación hasta lo que supondrá su expulsión definitiva del tráfico mercantil, después de permanecer varios meses en la cuerda floja por el cumplimiento irregular del convenio de pagos pactado con los acreedores.

Supervivientes

Entre las empresas supervivientes de la dura recesión económica, y que pudieron dejar a cierta distancia sus problemas en esta travesía del desierto de siete años, destacan los astilleros Hijos de J. Barreras, Factoría Naval de Marín (por su integración en Nodosa Group), la fabricante y distribuidora de bebidas Begano, la textil Caramelo, Megasa, el Grupo Iglesias o Vierasa. Entre las que entran o han estado cerca del purgatorio están Adolfo Domínguez, Pescapuerta, Marfrío, y hasta cinco subsidiarias de Pescanova. Entre medias, si la vida de las empresas no se ha accidentado por un ERE o a través de un proceso concursal, ha habido alternativamente ruptura de contratos con proveedores, bajadas de salarios, en numerosos casos, de hasta el 20%, o silenciosas amortizaciones de puestos de trabajo sin llegar a los límites impuestos para los ERE.

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