Chile bloquea miles de productos de Blusens

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Confisca 15.000 televisores importados desde China por impago de los tributos aduaneros

Pantalla con una imagen de José Ramón García, presidente de Blusens / EFE

29 de abril de 2014 (21:28 CET)

Las autoridades de Chile retuvieron y confiscaron una treintena de grandes lotes de artículos de la empresa tecnológica gallega Blusens (cuya central de compras, Blusens Technology S.L.U., presentó en octubre concurso voluntario de acreedores) por impago del canon tributario que los importadores deben satisfacer en las aduanas para acceder al mercado interior, según consta en la documentación de este tipo de procedimientos. Se trata de más de 15.000 televisores con tecnología led de 22 y 19 pulgadas fabricados e importados desde China, enviados a la administración fronteriza de San Antonio, abandonados en un almacén y finalmente requisados por las autoridades andinas por la deuda contraída con el fisco.

Aduanas evalúa el valor de los lotes en un total de 174 millones de pesos, unos 225.000 euros al cambio actual, una cifra a todas luces distanciada del precio real de mercado. Un televisor de estas características en Chile, al menos en los grandes almacenes París, donde se siguen vendiendo con marcos de colores, cuesta, al cambio, unos 80 euros. Un precio muy inferior, a su vez, a los 129 euros del mercado español. Su destino final es la enajenación en subastas públicas, como una forma popular para desprenderse de esos bienes a toda costa.

25% de impuestos

El coste de los diversos tributos piramidales que deben pagarse en la aduana para permitir el acceso al país, supone aproximadamente un 25% del valor declarado de la carga. Así, teniendo en cuenta precios de mercado, el tributo correspondiente a los lotes de Blusens se elevaría globalmente a unos 250.000 euros. El importador no afrontó el abono de la cifra, perdiendo todos sus derechos sobre las mercancías, que pasaron automáticamente y por ministerio de la ley a poder del Estado. Las normas aduaneras chilenas permiten requisar y vender por posterioridad en procedimientos exprés todo tipo de mercancías de aquellos importadores que no hayan satisfecho el pago de los impuestos del tráfico comercial importador.

La operación de bloqueo de las autoridades chilenas sobre los más de 30 lotes de artículos de la tecnológica santiaguesa se produjo en fechas posteriores a las que Inveravante, en junio de 2013, se deshizo de sus participación del 47,5% en la firma. Esta cuota fue recomprada por los dos cofundadores, José Ramón García y Miguel Silva. La paralización en la aduana chilena guarda mayor vínculo cronológico con dos hechos posteriores a la salida de Manuel Jove del capital, y más relevantes aún: la presentación del preconcurso de acreedores de Blusens Technology en julio de 2013, y su posterior elevación a concurso, a finales de octubre de ese mismo año.

Bancos atrapados


Estas dos últimas operaciones se explicaron entonces como una maniobra defensiva para reestructurar la deuda y recuperar músculo financiero en un momento en que la tecnológica gallega anotaba en su pasivo una cifra total de 40 millones de euros, de los cuales 18,9 correspondían a los préstamos bancarios. Bankia, Popular, Novagalicia, Santander y BBVA están atrapados en ese agujero. Parte de esos préstamos bancarios, a su vez, fueron avalados en su momento por la Xunta de Galicia, como espaldarazo para el ambicioso plan de internacionalización, que incluía México, Colombia, Dubai y China, entre otros destinos. De hecho se constituyeron filiales en cada país. Una de ellas es Blusens Chile.

Con 31 millones de euros facturados en 2012 (56 millones en 2011), Blusens se encuentra en una difícil situación económica, producto, según la dirección, de la falta de líneas de financiación flexibles para obtener circulante. Como última aportación al mercado, Blusens acaba de alumbrar su familia de smartphones, una salida programada en principio para antes de las navidades pasadas, pero que, finalmente se materializó en enero. A un precio, el más sencillo de los seis modelos, de 79 euros, quizá sea una de las últimas balas de plata que la quedan a la firma gallega.
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