Cementos Cosmos explotó su mina gallega tres décadas con licencias provisionales

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Las demandas por daños ecológicos acorralan a la cementera, que intenta legalizar la cantera de Triacastela y sacar adelante un recurso para poder incinerar residuos en El Bierzo

Protesta de colectivos ecologistas ante la fábrica de Cementos Cosmos | Ecobierzo

06 de abril de 2014 (04:15 CET)

El futuro de Cementos Cosmos pasa por los tribunales. Ya no solo está en cuestión su proyecto de incineración en Toral de los Vados (León), que fue tumbado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León al anular la autorización ambiental de la cementera, sino también una de sus principales fuentes de materia prima. La mina a cielo abierto de Triacastela, que tradicionalmente abasteció a la planta sarriana de Oural, continúa sin licencia y los colectivos agrupados en Contraminacción amenazan con llevar a la compañía a los tribunales si persiste en reclamar la explotación de la cantera.

La misión no parece sencilla para la antigua filial de Corporación Noroeste, ahora integrada en el gigante brasileño Votorantim. Desde 1980, cuando dejó la cantera de Val de O Mao (O Incio) por la piedra caliza de Vilavella (Triacastela), acumula permisos provisionales sin conseguir una licencia definitiva. Esta situación deja a Cosmos entre la espada y la pared. Su gran proyecto de incineración para dejar Oural y volcarse en la fábrica de Toral de los Vados está pendiente del recurso presentado por la empresa ante el Tribunal Supremo. En ambos escenarios, arrecian las críticas de los ecologistas y las amenazas de acciones judiciales.

Tres décadas de trámites


La explotación de Vilavella arrancó en 1980 con una licencia “provisional” para Cementos del Noroeste, según relata Francisco López, antiguo presidente del comité de empresa de la fábrica de Oural, que prepara un libro sobre la historia de la planta sarriana. Este permiso apenas duró unos años, ya que el cambio de nomenclatura, de Cementos del Noroeste a Cementos Cosmos, acabó dejando a la cementera sin licencia ya en 1986.

A partir de entonces se van acumulando varios permisos administrativos para adaptarse a los cambios en la normativa. El último fue del tipo A, que concedía a Cosmos poco más que la extracción de áridos, y se tramitó durante el Gobierno de Manuel Fraga, entre las quejas de grupos ecologistas como Adega, que lamentó la falta de transparencia del proceso. Pareció entonces que la compañía había conseguido legalizar la mina ilegalizable, pero no fue así.

La transformación del permiso


En 2005 la Xunta procedió a reclasificar el permiso de Cementos Cosmos abriendo el camino a una larga lista de alegaciones presentadas por Adega y por la Asociación Cultural O Iribo, uno de los grupos más combativos con las prácticas de la cementera. Tres años después, la empresa obtuvo una concesión tipo C, “que le daba no solo la posibilidad de explotar la cantera sino que los terrenos colindantes podían ser expropiados y explotados”, explica Francisco López.

Esta licencia se obtuvo sin presentar ninguna evaluación ambiental, según denuncia Contraminacción, a pesar de que los terrenos de la cuadrícula minera afectan al yacimiento arqueológico de la Cova de Eirós, a cinco localidades, a un tramo del Camino de Santiago y a un río. Pero la tramitación, que los grupos ecologistas califican de “poco transparente”, tampoco le bastó a Cementos Cosmos.

El desmantelamiento de Oural

El conflicto volvió a estallar a finales de septiembre del pasado año. La alcaldesa de Triacastela, Olga Iglesias, junto a vecinos y miembros del antiguo comité de empresa, frenaron la marcha de 15 camiones que se dirigían a León cargados de caliza de la cantera gallega para abastecer la planta de Toral de los Vados. El Consistorio pasó al ataque, negando la licencia municipal a la cantera que tenía sobre la mesa una denuncia por destruir los accesos a cinco parroquias de la zona. Con el expediente abierto, la mina no era legal. Lo cierto es que Cosmos habilitó un nuevo acceso, pero obliga a los vecinos a dar un rodeo de 12 kilómetros para llegar a sus casas.

En el conflicto tuvo que mediar la Xunta en un clima desfavorable debido al desmantelamiento de la planta de Oural. El que fuera pulmón económico de la comarca en buenos tiempos, quedó reducido a una fábrica activa solo dos meses al año y con apenas 15 trabajadores tras un ERE. Votorantim decidió llevarse el grueso de la producción a El Bierzo. El conselleiro de Economía advirtió que poco iba a hacer por la licencia de Cosmos si la fábrica sarriana estaba prácticamente paralizada.

Y desde entonces sigue Cosmos sin permiso para explotar la cantera. A la última ofensiva de la empresa, que comenzó a tramitar el permiso municipal, respondieron los grupos contra la minería con amenazas de acciones judiciales. Lo que, parece, alargará todavía más una batalla que se remonta tres décadas atrás y que puede dejar a la cementera al borde del abismo.
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