Celsa Atlantic presenta un ERE para la totalidad de la plantilla de A Laracha

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La compañía adquirió la factoría al empresario Manuel Añón en 2007

Protesta de trabajadores de Celsa en el País Vasco

05 de diciembre de 2012 (21:47 CET)

Celsa Atlantic quiere hacer ajustes en la franja norte de la península. Ha presentado un ERE temporal que afecta a todos los empleados de su planta en A Laracha (A Coruña), unos 150 trabajadores. La dirección se lo ha comunicado el miércoles a los representantes sindicales, con los que ha mantenido una reunión por la tarde. Sin mayor precisión sobre la duración del expediente, la empresa justifica esta medida “por la necesidad de adecuar las cargas de trabajo y la capacidad productiva de todas las plantas a la actual demanda y condiciones del mercado, fuertemente afectado por la crisis económica”.

La noticia llega antes de apagarse la llama del Expediente de extinción puesto en marcha por el grupo para sus plantas de Vitoria y Urbina (Álava), que afectó a 350 trabajadores, y que anuló el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco el mes pasado. La sentencia especificó que la situación económica de la empresa no justificaba una medida extintiva de esas dimensiones.

El actual Expediente de Regulación de Empleo, en este caso temporal, afecta a las dos plantas vascas, así como a los trabajadores de las instalaciones que adquirió en A Laracha en 2007. El grupo, que cuenta con 16 filiales, tiene como origen Celsa Barcelona, desde donde comenzó a construir su imperio siderúrgico Francisco Rubiralta.

Las huellas del Grupo Añón

El Grupo Celsa entra en Galicia a partir del año 2.000 pisando sobre el terreno marcado por Francisco Añón. En 2001, el grupo Añón, dedicado hasta el momento al comercio al por mayor de acero, anunció su intención de convertirse en fabricante y exportador. Se hizo con Aciérie de l´Atlántique (ADA), ubicada en Bayona (Francia), con lo que el conglomerado gallego aunó un tridente de oro: Siderúrgica Añón, Hierros Añón Comercial y ADA.

El paquete completo cambió de manos con la entrada de Celsa en Galicia, que lo adquirió por 415 millones de euros. El crecimiento de Añón como empresario coincidió con el boom de la construcción, que dejó importantes rentas a las empresas del grupo. Celsa, en cambio, está teniendo que lidiar con la crisis económica, a quien culpa de la disminución en la carga de trabajo y, en consecuencia, de la “necesidad” de un ERE.
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