Alvariño se aparta de una patronal rota y sin relevo claro

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El presidente de la CEG convoca elecciones poco después de dos años de mandato para zanjar la guerra interna que bloqueó las cuentas y que conducía a la institución hacia una gestora

José Manuel Fernández Alvariño

en A Coruña, 31 de octubre de 2015 (05:29 CET)

Dimitir o convocar elecciones. No le quedaban muchas más salidas a José Manuel Fernández Alvariño tras dos años al frente de la patronal. Llegó a la presidencia de la CEG con el apoyo de las confederaciones provinciales de Lugo, Pontevedra y Ourense, pero a estas alturas estaba prácticamente solo. Incluso los empresarios ourensanos, que se habían mantenido a su lado cuando el enfrentamiento con las dos confederaciones del norte era ya insalvable, lo instaban a apartarse.

El problema del veterano empresario vigués es que necesitaba aprobar las cuentas en Asamblea Xeral antes de que finalizase el año y no tenía el respaldo para conseguirlo. El presidente de la patronal coruñesa, Antonio Fontenla; y el secretario de los empresarios lucenses, Jaime Luis López Vázquez; ni siquiera acudíeron a las dos últimas reuniones que convocó Alvariño, como en el caso de la reunión del comité ejecutivo celebrada esta semana.

Los números de la CEG no tenían consenso posible porque dos no se entienden si uno no quiere. Así que al presidente le quedaba la opción de convocar la Asamblea Xeral, el máximo órgano de decisión de la patronal, y exponerse a otro batacazo al intentar aprobar las cuentas, que ya fueron tumbadas en una ocasión, algo insólito en la historia de la institución. Entonces no le quedaría más salida que dimitir o llevar a la patronal a un callejón sin salida. La otra opción era convocar elecciones. Optó por la segunda.

Argumentos 'íntimos' de Alvariño

Entre otros motivos porque de esta manera evita que siga adelante el bloqueo para forzar su dimisión y el plan, que adelantó este medio, para que se encargue de la patronal una gestora. Alvariño no quiere que los que actuaron contra él, a su juicio con deslealtad hacia la institución, lleguen a la sala de mandos sin ser elegidos. El argumento de la democracia, de la responsabilidad de someterse a los votos, es la baza que jugará la próxima semana, cuando presumiblemente explicará en comparecencia pública su decisión y el calendario electoral.

Entonces defenderá que hubo un bloqueo a su gestión por parte de A Coruña y Lugo, quizá critique la actitud de algunas sectoriales de Pontevedra y aclare, que no lo ha hecho hasta ahora, si piensa presentarse o no a las elecciones. Se da por supuesto que no. El empresario llegó a la presidencia como un broche de oro a su carrera y prefiere una salida digna, convocando elecciones, que marcharse por la puerta de atrás, en medio de una revuelta interna.

El deterioro de la CEG

Que parte de las sectoriales y empresarios con responsabilidad institucional se le pusiesen en contra tiene que ver con el deterioro en la imagen de la institución debido a las batallas internas que empezaron a aflorar antes de que cumpliese un año en la presidencia. Los empresarios se sintieron alejados de esas disputas y perdieron interés por la institución. Ourense cambió de opinión al ver la CEG bloqueada y pidió a Alvariño que cediese, convocase la Asamblea Xeral y se apartase si no se aprobaban las cuentas. 

En Pontevedra, el otro apoyo firme del presidente, una parte de las sectoriales se amotinaron tras las elecciones que encumbraron a Jorge Cebreiros, el actual líder de la CEP y empresario que se mantuvo con Alvariño hasta el final. Las elecciones están judicializadas y pendientes de fallo. Los críticos recuerdan los contratos de la patronal que Alvariño entregó a sus empresas, como el seguro de la sede o el servicio de coche oficial, para justificar su posición contra el presdente.

¿Y ahora qué?

La nueva etapa que se abrirá el próximo año –harán falta como mínimo tres meses para que se celebren las elecciones-- cortará de raíz estas intrigas, pero no aclara para nada el futuro. No hay un relevo claro para Alvariño. Fontenla renunció a presentarse hace dos años porque no tuvo los suficientes apoyos y el sentir de los empresarios es que la etapa Alvariño-Fontenla en la CEG se ha terminado. Cebreiros está pendiente de consolidar su puesto en Pontevedra, que depende de un fallo judicial que valide las elecciones. Lugo sigue en manos de una gestora. Y no parece que Pérez Canal, presidente de los empresarios ourensanos, sume los apoyos suficientes.

La llamada a votación debería abrir la puerta a caras nuevas, pero todo lo que se sabe por ahora es el escueto comunicado que envió Alvariño: "Ante la posición de algunas organizaciones empresariales de bloqueo de las cuentas de la Confederación, el presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia, José Manuel Fernández Alvariño, ha tomado la decisión de convocar elecciones a la presidencia de la CEG, según el calendario que corresponda"

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