Alimentos Lácteos se queda sin crédito para sobrevivir

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La empresa afronta problemas de liquidez, deudas a proveedores y un ritmo de producción que hace peligrar su futuro

Degustación de la marca Deleite en A Coruña

02 de diciembre de 2012 (02:45 CET)

Alimentos Lácteos se ha acostumbrado a la vida agitada. El ilusionante proyecto de una gran agrupación de cooperativas lácteas gallegas respira con dificultad. Entre otros motivos, porque acumula deudas con sus proveedores, lo que ha provocado la fuga de varias cooperativas que han dejado de entregarle leche. Parte de las que continúan con las entregas, actualmente cuatro, también han tenido que rebajar el volumen de producto por problemas de rentabilidad. “No me puedo permitir seguir aportando el 100% de la leche. Los que seguimos haciendo aportaciones es porque estamos trampeando e intentamos que no se caiga el proyecto porque perderemos mucho de lo andado”, reconoce la cooperativa Indega, uno de los socios de Alimentos Lácteos.

La deuda con los ganaderos ha provocado una caída del ritmo de producción, que se sitúa actualmente entre 75.000 y 100.000 litros diarios. La cifra apenas alcanza para cubrir costes y está, por tanto, muy lejos de la rentabilidad. El propio gerente de Alimentos Lácteos, Miguel Martín, reconoció que la situación “es insostenible”. La dirección intenta buscar a contrarreloj suministro, después de “tocar fondo” a finales de septiembre, cuando registró, en palabras de Martín, el volumen de entregas más bajo de su historia. La supervivencia de la empresa pasa, según los cálculos de gerencia, por incrementar un 25% la producción en un plazo muy corto de tiempo. Pero antes tendrá que solventar los problemas de liquidez para poder afrontar los pagos. La dirección no descarta llamar a la puerta de la Xunta, donde suele ser bien recibida.

El mal endémico de la liquidez


La falta de líquido, a pesar de recibir el apoyo de fondos del IGAPE y de Xesgalicia --que aportó un préstamo de 2,5 millones de euros a principios de este año-- es un problema clásico en la corta vida de Alimentos Lácteos. “La realidad es que las cooperativas no somos bancos. Pusimos todo lo que podíamos poner, dinero, aportaciones de leche, ilusión, ánimos y trabajo”, aseveran en Indega.

Con esos ingredientes consiguieron los primeros objetivos, hacerse con la planta de Outeiro de Rei (Lugo) tras la fuga de Leche Pascual de sus instalaciones en 2009 y conseguir un buen posicionamiento de mercado con las marcas Deleite y Muuu. Desde entonces, y a pesar de llegar registrar la mayor cuota de mercado en Galicia durante muchos meses, la empresa se vio obligada a realizar cuatro ampliaciones de capital para dotar de solidez financiera al proyecto. La última, este septiembre, situó el capital social de Alimentos Lácteos en 3,94 millones de euros tras un incremento de 1,64 millones. También sirvió para romper la mayoría absoluta que formaban las cooperativas Arzuana y Gancobre en el consejo de administración. Hasta entonces ostentaban el 52% de la participación total de la empresa --ahora sólo el 47,2%-- y en su momento fueron acusadas de intentar mantener su cuota de poder cerrándole el paso a nuevas cooperativas.

Tormenta tras la salida del anterior gerente

Y es que la convivencia en la agrupación no fue sencilla. Sobre todo tras la salida en 2011 del primer gerente de la compañía, Roberto Casas, “una persona de mucha valía y que generaba mucha confianza entre los cooperativistas”, recuerdan en Indega. “Fue una decisión de los accionistas mayoritarios que no fue bien acogida y generó un clima de desconfianza”, resumen.

En aquel momento, Alimentos Lácteos había conseguido una cuota de mercado en España del 1,4% con su segunda marca. Su carrera por competir con un producto 100% gallego, apoyada por la Xunta, estaba siendo fulgurante. Incluso los ganaderos asumían recibir un precio más bajo por la leche al tratarse de un proyecto en crecimiento y de base cooperativa al que se sentían más cercanos.

Presiones

Pero el mercado entiende poco de romanticismo. La empresa tuvo que lidiar con las grandes cadenas y en muchos casos salió malparada. Desde la gerencia denunciaron “presiones” que todavía persisten. Indega las resume en dos direcciones. Por un lado, la estrategia de las cadenas se centró en incrementar el precio al que pagaban la leche para restar suministro o aumentar el precio, de manera que “nos fueron cerrando el mercado”. Por otro, “recibíamos fuertes presiones para suministrar de marca blanca a las grandes empresas. Nosotros rechazábamos la propuesta porque iba contra el espíritu del proyecto”.

Escaramuzas políticas


Independientemente de las causas, a las que podríamos sumar también el contexto económico actual que dificulta la obtención de crédito, lo cierto es  que Alimentos Lácteos se enfrenta, una vez más, al ser o no ser. La senda actual conduce a la empresa hacia el abismo y toda posibilidad de darle la vuelta a la situación pasa por la obtención de liquidez y el incremento de la producción.

Si se llega al cierre de la planta, detrás vendrá una tormenta política. Escaramuzas ha habido a lo largo de estos años. La última en el debate de investidura, donde Núñez Feijóo defendió el proyecto de una agrupación láctea gallega poniendo como ejemplo el modelo de Central Lechera Asturiana, frente a las preguntas socialistas sobre la negativa deriva del proyecto.

Hace poco más de un año el BNG pidió también cuentas al Gobierno galego sobre las cuantías destinadas al apoyo de la empresa por distintas vías, y el PSdeG denunció que se estaba respaldando a las cooperativas afines al Partido Popular. La trifulca quedó en las hemerotecas, pero podría reabrirse si no se encuentra una solución para reformular el proyecto, dotarlo de liquidez y sufragar la deuda con los proveedores. La 'cooperativa de cooperativas' sigue buscando un salvavidas, quizá la propia Administración, para agarrarse al futuro.
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