Adelson jugó todo a negro en Eurovegas y salió rojo

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La última pretensión del magnate de que en caso de problemas se le revirtiera la inversión ha provocado el rechazo del Gobierno

Adelson e Ignacio González tras la reunión por Eurovegas

13 de diciembre de 2013 (21:16 CET)

El comunicado de Las Vegas Sands tras la negativa del gobierno español a llevar a cabo el macroproyecto Eurovegas en Madrid, en Alcorcón o donde fuera, deja entrever una de las cuestiones que han determinado esta sonada marcha atrás.

Que mientras la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, estuvo al frente de las negociaciones, todo fue un camino de rosas para el proyecto en España del magnate estadounidense Sheldon Adelson, pero al entrar el Gobierno de Mariano Rajoy en el tramo final de la negociación todo se fue al garete.

Choque entre Rajoy y Aguirre

Aunque aparentemente fue su estado de salud y su idea de mantenerse en un segundo plano los motivos que llevaron a Aguirre a renunciar en septiembre de 2012 a su cargo de presidenta de la Comunidad de Madrid, las disputas mantenidas con Mariano Rajoy hacia Eurovegas pesaron lo suyo en esa decisión.

Y la última pretensión de Adelson, la de, en caso de modificación de la normativa, revertir la inversión y las pérdidas, ha sido la gota que colmó el vaso. Desde entonces, todo habían sido palabras y buenas intenciones. Pero los retrasos empezaban a traslucir que los problemas eran de calado, tanto en España como fuera.

Condiciones de Adelson

Mientras, la Comunidad de Madrid se afanaba en facilitar el camino de rosas al proyecto, con modificaciones legales para arbitrar fuertes exenciones fiscales, construir los rascacielos que fueran menester y hacer una Ley de Patrimonio Histórico que no pusiera excesivo celo en los restos arqueológicos que pudieran encontrarse en los terrenos donde se fuera a asentar Eurovegas. Fuera, los bancos acreedores de Adelson le llevaban meses diciendo que la viabilidad de este proyecto no salía por ningún lado.

Ya antes de que Tokio ganara a Madrid la carrera por celebrar los Juegos Olímpicos en 2020, algunas entidades financieras de renombre a las que Adelson se había acercado para calibrar la posibilidad de obtener recursos, se desmarcaron sin tapujos, y adelantaban lo que finalmente ha sucedido.

La banca desconfiaba del proyecto


Decía el Deutsche Bank, el pasado junio, en una circular interna dirigida a sus inversores, que el proyecto era muy improbable, y que las condiciones planteadas por Las Vegas Sands resultaban insalvables para el Gobierno, por lo que concluía que “sinceramente nos cuesta creer que exista acuerdo alguno”.

Y ya con Tokio elegida como sede olímpica, algunos de esos grandes bancos de inversión, como Morgan Stanley y JP Morgan, se han apresurado a echar números para hacer la comparativa entre montar un complejo como Eurovegas en Madrid o hacerlo en la capital nipona.

Y las cuentas son mucho más beneficiosas en el el país asiático. Solo en el primer año de funcionamiento hablan de unos ingresos de en torno a 10.000 millones de dólares. Da la impresión de que, con estos números, los bancos financiadores sí están dispuestos a entrar en Tokio, pero no en Madrid, donde los 4.500 millones de euros que necesitaba Adelson se antojaban excesivos.
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