Emilio Botín y el investigador Pablo Vargas, ante el milenario olivo Santander, en Boadilla del Monte. EFE

El aceite premium, el negocio desconocido del Santander

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Promovido por Emilio Botín, en la ciudad financiera del Santander se despliegan 170 hectáreas de olivos que producen 500 litros de un aceite exclusivo

Barcelona, 06 de enero de 2018 (11:42 CET)

Banco Santander cuenta con participaciones en grandes empresas como Abengoa, la socimi Merlin o el hólding inmobiliario Cevasa. Pero pocos saben que la familia Botín tiene una vertiente en el mundo del aceite, y en un producto tan exclusivo que no se vende al público.

En la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte, en las afueras de Madrid, el Santander cuenta con una finca de olivos que comenzaron a plantarse en 2002.

En aquel año Emilio Botín comenzó a buscar ejemplares de gran calidad para trasladarlos al paraje ubicado al noroeste de la capital. Este emplazamiento se concibió para agrupar los servicios centrales del Grupo Santander, que se encontraban en aquel momento distribuidos en veinticinco edificios de Madrid capital y alrededores.

Las 2.000 botellas anuales del aceite premium del Santander se regalan en ocasiones especiales

Además de buscar un entorno que mejore la eficiencia y la conciliación de la vida profesional con la personal, se buscó que el ámbito de trabajo “esté rodeado de naturaleza y zonas verdes", señala a Efe el director de paisajismo de la Ciudad Financiera, Manuel Sánchez.

Ejemplares centenarios y uno milenario

Los olivos, unos 1.300 ejemplares, se encuentran en un predio de 170 hectáreas, y fueron seleccionados por viveristas profesionales. La mayor parte de los árboles proceden de diversas partes de la Península Ibérica, Italia y el norte de África y para los que se mantienen estrictos protocolos periódicos de control y seguimiento de desarrollo vegetativo y posibles problemas fitosanitarios.

En el último año se han producido 500 litros de los olivares de la sede financiera del Santander

El caso más especial de la colección es un ejemplar de olivo de más de 1.200 años y cinco metros de perímetro, procedente de la Sierra del Maestrazgo en Castellón y que fue apodado como Santander por el propio Emilio Botín

Precisamente este ejemplar fue protagonista de la obtención de la primera secuencia de ADN de un olivo en el mundo, gracias a un acuerdo entre el banco y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Además de este abuelo de los olivos, hay 475 árboles que tienen más de 500 años de vida, cuando todavía Madrid no era más que un puñado de casas de agricultores. Toda la plantación permite producir 500 litros de un aceite premium, que no se vende al público, sino que se regala a clientes y accionistas en ocasiones especiales, en delicadas presentaciones de un cuarto de litro. En el 2017, se han obsequiado 2.000 botellas con este oro líquido.

Consultado por el emblema del olivo como símbolo de la Ciudad Financiera, Sánchez recuerda que la "oportunidad de incorporar algunos ejemplares singulares hizo que la visión de importancia del olivo en los espacios ajardinados de la Ciudad cobrará aún más sentido".

En este sentido, apunta que el olivo no se veía sólo "cómo un árbol de cultura absolutamente mediterránea", sino que representaba" aún más su presencia como símbolos de fortaleza y longevidad".

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