El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en el debate, este martes en el pleno del Congreso. EFE

Pablo Iglesias, en 400 palabras de Mariano Rajoy

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Mariano Rajoy define a Pablo Iglesias con las 400 palabras más críticas, sangrantes y, a la par, contundentes de los últimos años

Barcelona, 13 de junio de 2017 (19:35 CET)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (PP), aprovechó la moción de censura para desnudar al líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, en uno de los momentos parlamentarios más críticos, sangrantes y, a la par, elegantes que se citarán en el libro de sesiones.

El jefe del Ejecutivo necesitó sólo 400 palabras para invalidar a Iglesias como presidente del Gobierno. El fragmento del discurso resalta las contradicciones de Iglesias y suponen, por tanto, una de las descripciones más fiables sobre la personalidad del político.

El pasaje textual es el siguiente:

Rajoy:—“Señoría, es usted poco fiable para la mayoría de los españoles, porque además vive usted instalado en un ejercicio de permanente transformismo que al fin y a la postre solo puede provocar el recelo generalizado. Usted es capaz de asumir todas las posiciones políticas, incluso las antagónicas, si considera que ello le conviene a sus intereses más inmediatos.

Vive en permanente mutación en función de las exigencias del mercado político. Puede declararse socialdemócrata al tiempo que decide fusionarse con los comunistas de siempre sin el menor reparo; le gusta sentarse a la mesa del pacto antiterrorista, pero se niega a apoyar las medidas que éste contempla; habla de la “sonrisa de un país”, pero su discurso político es de la división y el hostigamiento al adversario.

Un día nos dice que “el cielo se toma por asalto” y otro sentencia que “en democracia los asaltos se hacen llamando al timbre”. Un día nos anuncia que el régimen del 78 se derrumba y al día siguiente celebra la transición como un éxito político.

Y así podría seguir hasta el infinito.

En definitiva, el candidato, ha dado pruebas sobradas de su agilidad en las piruetas a corto plazo y ha conseguido en más de una ocasión desconcertar a aquellos con quienes pugna por el mismo espacio político. Pero ello no quiere decir que esas habilidades sean las que convienen al frente del gobierno de España: el desconcierto no es lo que se espera de un gobernante, ni una subasta de ocurrencias, ni una estrategia zigzagueante.

Eso es todo lo contrario de la estabilidad que necesita un país como el nuestro. Todo esto lo que revela es que el candidato considera temerario mostrar sus cartas, que no ha llegado todavía la etapa en que se hará la luz. En una palabra: que esconde sus intenciones. Que usted no es fiable. Por eso, es natural que usted no inspire confianza y eso es más notorio aún, señoría, cuando le escuchamos a usted hablar de eso que ustedes llaman “su programa político”.

Señoría, no puedo compartir su forma de entender España y el futuro de los españoles.

No comparto su visión sobre nuestro país, su proyecto económico y social y su peculiar manera de concebir la democracia. Señoría, a usted no le gusta el sistema democrático que tenemos en España, ni comparte lo que se hizo en nuestra transición, ni le gusta la Constitución Española, eso que usted llama “el régimen”.